jueves, 4 de junio de 2009

.::A sueldo::. Cap1 Cruda realidad

A sueldo

Cruda realidad

Hola, me llamo Cédric Iscariote, o por lo menos me llamaré así durante mi estancia en Paris. Me hallo sentado en un “Irish Pub” tomándome un café de 15 euros, son aproximadamente las nueve y el Sol luce bien. Tiene bonitas vistas, la torre Eiffel se ve perfectamente desde aquí y la gente parece agradable. También se distingue el “Vitrau”, una especie de restaurante que siempre saca buenos beneficios. Todo está tan tranquilo, eso me gusta, un buen ambiente y gente tranquila, nada de alborotos, pero eso no suele durar mucho, fijaos, la mayoría parecen guardar su verdadero rostro, tras las sonrisas que muestran se esconde un llanto, saben que sus vidas son un asco pero reniegan de ello, se mienten a si mismos, en otras palabras, no son realistas. Aun así creen en este mundo, piensan que mas allá de sus vidas abunda la felicidad; pero está bien, les hace optimistas y eso me gusta.

Observo a una pareja no muy lejos de mí, él parece haberla engañado con otra mujer, ella lo sabe y no se lo ha dicho, los dos sonríen y es a eso a lo que me refiero.

A pocas mesas de mi se encuentra una mujer, rubia y supongo que de unos 47 años, va muy bien vestida y se está tomando un Martini. Se ha fijado en mi, me lanza miradas seductoras y se roza con suavidad los labios, eso me indica que enseña una vida lujosa y despreocupada, y seguro que al llegar a su adorable mansión sola, seguirá con su botella de Martini que tanto le gusta para olvidarse de la desagradable vida que lleva.

Parece haber un vagabundo en uno de los bancos que abundan en esta acera. Es bastante mayor y sonríe a cada individuo que pasa a su lado. Su rostro es familiar para todos, antes era millonario, estafaba a la gente, se regodeaba con la clase alta y se casó innumerables veces, todas las mujeres con las que compartió su vida fueron hermosas, lo que no sabia es que eran cazafortunas. Ahora vive en la calle y la gente le ignora.

No me quiero desconcentrar, Vuelvo a fijar la mirada en el Vitrau, parece que alguien importante está entrando, Lionel Mercié. Otro ricachón corrupto que abunda en este barrio. Va muy bien escoltado, este año Lionel se ha presentado a las selecciones, parece ser que su ambición no tiene límites, quiere ser presidente. Nadie le votará, aunque eso a él no le importa, conoce gente importante y tiene mucho dinero. Hoy en día el dinero mueve el mundo, da igual quien seas mientras tengas dinero, pero creo que hay alguien que eso no le importa. Lionel ya está dentro del Vitrau, se sienta y pide a uno de sus matones que le traiga el periódico.

Para asombro de todos, el local donde se encontraba el magnate explota, es una lástima, en el Vitrau se comía bien. La gente empieza a aterrarse, gritan y corren; pero nadie hace nada útil.

¿Por qué ha sucedido esto? Quizá Lionel tenía enemigos, supongo que mas de uno, ¿Pero quien es el desalmado que ha hecho esta atrocidad? Me pagaron bien.

Si, soy un sicario, me pagan por aquello que mejor se me da hacer, matar gente.

Lionel Mercié está muerto y me he acabado mi café, aquí ya nada me retiene.

Me dirigí al aeropuerto para llegar a Londres, os contaré algunas cosas durante el transcurso del viaje.

Nací en España, mi madre tenía 17 años cuando salí de ella. Era una yonki, con 23 años se casó con un hombre que al poco tiempo descubrió que era alcohólico. Casi todas las noches oía desde mi habitación gritos, y al día siguiente la veía con moratones. Mentiría si dijese que no intentó abusar de mí, pero cada vez que lo intentaba mi madre se interponía, y esa fue la causa de su muerte. Mi padrastro fue a la cárcel y yo a un orfanato. Cuatro años después fui adoptado por una pareja de ingleses bastante perfecta, por lo menos en apariencia. En realidad eran dos personas que trabajaban para una organización que se encargaba de quitar de en medio a los enemigos del gobierno. Durante esa época, la organización mandaba lacayos a adoptar huérfanos de todo el mundo para amaestrarlos en el arte de la muerte. En esa etapa de mi vida aprendí a dejar apartados mis sentimientos, me enseñaron cientos de formas para quitar una vida, me metieron en la cabeza más de cinco idiomas y aprendí a soportar el dolor.

Con 22 años dejé esa organización fingiendo mi propia muerte para intentar llevar una vida normal. Dios sabe que lo intenté, pero me cambiaron demasiado como para ahora ser una persona normal, dos años intentando llevar una vida así fueron mas que suficientes para darme cuenta de lo engañado que estaba. Por capricho del destino, conocí a una mujer que se hacía llamar Zoe, que me introdujo en una agencia secreta llamada “Los Cuatro Astros”. Zoe no me conoció por casualidad, la agencia llevaba tiempo buscándome y ella era la encargada de hacerlo, y esa es una de las cosas por las que no confío demasiado en ellos, ¿Cómo sabían que estaba vivo? Por lo demás está bien, son discretos y normalmente me facilitan los utensilios que necesito en cada trabajito que me asignan. Ya llevo unos cinco años trabajando para ellos y aunque de momento no les he defraudado, no perdonan una.

¿De que va Los Cuatro Astros? Muy sencillo, todo es pura rutina y todos los encargos se realizan de la misma manera, una persona con influencia tiene la suerte de conocer nuestra existencia, contacta con los mandamases de la agencia, le cuenta quien o que es lo que lo molesta, los mandamases contactan con uno de nosotros y entonces acabamos con el obstáculo de nuestro cliente.

Bienvenidos a mi vida.